Durante estos días de incertidumbre, dramáticos y de dolor después de más de dos meses con información en tiempo real, obliga a una pregunta, entre otras: ¿Cómo ser solidario ante la crisis mundial sanitaria, y particularmente allí donde habito?  Son múltiples familias las afectadas directamente ante el paso devastador de la pandemia del COVID 19, Se afirma popularmente: ¡estamos en la cresta de la ola tempestuosa! Un descuido, y nos arrastrará. ¿Cuál es la norma de vida que debe prevalecer entre nosotros/as. ¿Cómo debemos comportarnos en la vida diaria?

Es comprensible que haya incertidumbre, temor preocupación, angustia, alarma, desesperanza, etc. Es una lista extensa de esos sentimientos encontrados. Ahora viviendo la tempestad inesperada: diario se recibe noticia del fallecimiento de personas que conocemos, y no. Aunque no se quiera, van afectando emocionalmente nuestra vida. Sin embargo, debe haber solidaridad, calma, sosiego, esperanza, pero con responsabilidad.

Resulta impresionante el número -y la adopción- de normas básicas que derivan en experiencias diferentes de autorregulación. Ahora es parte esencial en la vida de la ciudadanía nicaragüense durante estos días con la amenaza del COVID 19. Recién realicé nuevamente un ejercicio que me permitiera mejorar la percepción de la conducta humana de este país con relación a las medidas básicas que contribuyen a la construcción de la barrera de contención de la pandemia del COVID 19. Es un intento para desentrañar la esencia de la solidaridad en el foco del escenario crítico de riesgo: pandemia del COVID 19.

Hice la selección de un grupo cuestionado fuertemente en este tiempo pandémico. Dije, debe ser un grupo que está desafiando al confinamiento, o cuarentena, en el país y fuera de él, por su forma de comportamiento cotidiano. Tome la decisión: entraré en la vida agitada del quehacer de los y las brigadistas comunitarios/as de salud, esos miles de personas que afirman con fuerza: ¡Cada persona puede producir salud! Quiero ir más allá de lo que miran mis ojos, dije. La base fue una expresión escuchada en momentos diferentes: ¡Ahora no hay solidaridad! En el vecindario fallece una persona, y escasamente van al funeral. Es un reclamo en voz alta: ¿Dónde se quedó la solidaridad que pregonamos excesivamente!

Entonces, producto de la reflexión e intercambio de ideas surge una explicación. Qué es la solidaridad –o como se entiende esta norma de vida- durante esta crisis de la pandemia del COVID 19. Debemos brindar protección a la familia, a los y las vecinos/as, a compañeros/as de trabajo, a quienes viven en la comunidad. Crecimos y fuimos adoptando hábitos, formas de convivencia social, expresiones para nuestro comportamiento diario.

Ha sido parte del proceso de adopción de costumbres, hábitos, normas sociales, ir a una vela, y luego al funeral para acompañar a la familia. Ahora enfrentamos una pandemia, y conocemos que una persona contagiada con el COVID 19 puede transmitir la enfermedad a una persona, o más. Se ha recomendado el distanciamiento, y el aislamiento social para evitar la propagación del virus.

Entonces, es válida la consideración que decisión de no ir al funeral. Es en solidaridad a la familia, a quien vive al lado, para la comunidad. Si se trabaja a favor de las medidas básicas de contención, se puede afirmar que es una actitud de solidaridad. Es prudente tener en la agenda la necesidad posterior de hacer gestión del duelo con las personas afectadas por la pandemia. Esto último también es un gesto afectivo de solidaridad.

Nicaragua es un país de personas solidarias aún en las circunstancias más difíciles. El país ha sido golpeado por diferentes hechos. La pandemia del COVID 19 nos ha sacudido, alterado un poco, pero con la responsabilidad ciudadana y esa cuota de solidaridad vamos hacia la superación de la crisis de salud. Sino examinemos esas experiencias creativas de quienes quieren salir adelante: están frente a nuestros ojos en los diferentes sectores de la sociedad.

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