Llegamos al inicio del II sub – ciclo del invierno de 2019: agosto – septiembre y octubre.  Estamos a las puertas de la denominada cosecha de postrera con un elevado nivel de incertidumbre climático. La lluvia durante los meses de mayo, junio y julio no fue lo esperado, la sequía ha estado presente con todo su rigor. El déficit de humedad es impresionante y las pérdidas son devastadoras.

El monitoreo temprano y oportuno en diferentes áreas de la geografía nacional  indicaban anomalías que caracterizan a la sequía. También había vigilancia con relación a la probabilidad, o no, del fenómeno climático El Niño. La baja presión durante las dos primeras semanas de mayo de 2019 era un indicio de lo que venía después: un período prolongado con déficit de humedad generando un escenario crítico para el sector agropecuario.

Un refrán popular dice: ¡para muestra, un botón! Estuvo frente a nuestra vista el registro de los datos de una estación pluviométrica manejada por un campesino. La información indica que durante el mes de julio de 2019 llovió solamente durante dos días. La suma de la lluvia que cayó es de 38 milímetros. En 42 comunidades del municipio de San Isidro, departamento de Matagalpa, las pérdidas en frijol y maíz representa aproximadamente el 95:0%.  El ganado en la zona ha perdido peso, y consecuentemente el precio para la transacción de compra – venta es bajísimo.

De acuerdo a la información obtenida como resultado del monitoreo realizado en diferentes áreas de la geografía nacional, el escenario es complicado particularmente para el sector agropecuario de Nicaragua. En este mismo orden, se debe considerar el pronóstico brindado por el Foro del clima centroamericano que es pesimista para el II sub – ciclo del invierno de 2019. Ante la gravedad de las condiciones del clima, sus efectos adversos, y las perspectivas, cobra vigencia el planteamiento que la seguridad alimentaria y nutricional estará asegurada en la producción de patio, en la parcela, pequeñas áreas de cultivo. Es el desafío.

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