Seguimos con la labor de educación, vamos a compartir algunas ideas acerca de la auto regulación como medida familiar y comunitaria ante el paso de la pandemia del COVID 19. Personalmente, desde el seno de la familia también, y en la comunidad, tenemos la oportunidad de aportar con medidas propias de la auto regulación que permitirían la construcción de la barrera de contención, condición necesaria para frenar el avance pandémico. Permanentemente tenemos presente que la producción de salud es inherente a nuestra vida. La comprensión y adopción de este principio es la base para tener éxito frente a la pandemia.

Recordemos que la pandemia del COVID 19 se transmite de persona a persona. Utilizaríamos el abecedario para la ilustración. Si la persona A presenta los síntomas propios de la pandemia, entonces debe visitar urgentemente la clínica del Sistema de salud que le corresponde. Solicita la aplicación de la prueba para determinar si es positivo, o no. Este paso es importante. Si tiene una vida social activa, tiene relaciones de estudio, social, religiosa, bebe sopa los domingos con sus amistades, baila, visita fincas, entonces se incrementa la posibilidad de interactuar con todo el abecedario. La persona A sería aislada en el sistema de salud. Pero, además vamos a tener un grupo grande de casos sospechoso.

Pero, las personas B – C – D están contagiadas, pero no presentan los síntomas. Las tres (3) anteriores son asintomáticas. Son portadoras del virus, y pueden contagiar a todo el abecedario, aunque no presentan los síntomas conocidos. La comunidad científica ha advertido que el contagio tiene un comportamiento exponencial, y acelerado. Esto significa que un caso positivo aislado permite el control del contagio. Si no es aislada, entonces va a contagiar rápidamente a la comunidad, y ésta a su vez pudiera ser transmisor de otros contagios.

Es evidente que la auto regulación está en nuestras manos. Además, constituye una medida esencial para la construcción de la barrera de contención ante el paso de la pandemia del COVID 19. Utilizaré un testimonio de la vida cotidiana. El viernes 27 de marzo visité una sucursal bancaria. Me encontré con el escenario siguiente:

  1. Abordé un taxi. El conductor portaba una mascarilla. Pregunté: ¿Por qué va así, con esa mascarilla? Por el virus, respondió. Agregó: ando una porción de gel para la limpieza frecuente de las manos, y una botella de agua para terminar la limpieza. Finalmente, hice otra pregunta: ¿Quién le indicó esas medidas? He visto el mensaje en la televisión del país, me dijo
  2. En la parte exterior del banco había una fila. Todas las personas reflejaban tranquilidad, nada de pánico, todo hacía indicar que había comprensión de la medida del distanciamiento social. Cada persona respetaba la distancia recomendada entre una y otra persona. La mayoría portaba su mascarilla. Nada de agitación, pánico, o conducta parecida.
  3. Pasé al interior del banco. Allí mismo estaba una persona. Me indicó que colocara las manos para la utilización del gel. Inmediatamente me dijo que utilizaría una herramienta para el control de la temperatura.
  4. En el banco estaban las huellas pintadas en el piso para la ubicación de cada persona. Habían retirado las cintas para hacer la fila. Todas las personas estaban con calma. Se respetaba el distanciamiento social. Las cajeras estaban con mascarillas. Estaban atendiendo con prioridad a las personas que evidentemente eran mayores de edad, y ni un solo insulto del público. La atención de esta pandemia demanda de solidaridad.

Vino a mi mente el comentario de un amigo. Esta pandemia será superada también por una dosis de educación, me dijo. Es cierto, lo digo ahora. La auto regulación pasa necesariamente por: tener calma, conocer a la pandemia, la adopción de todas las medidas de auto regulación, todo esto y más constituye educación. No tengo duda alguna, el aislamiento social es necesario y se adopta con responsabilidad.

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